Para determinar los apellidos, se conjuga la legislación española con la tradición o costumbre y la legislación de Brasil y se da cabida a la legislación del tercer país -Irlanda-, del que el menor también era nacional (SAP Madrid 20ª 16 diciembre 2020)

La Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, Sección Vigésima, de 16 de diciembre de 2020 estima el recurso de apelación formulado por la representación procesal de Dña. Lina y de D. Maximino contra la Sentencia de 11 de marzo de 2020 dictada por el Juzgado de Primera Instancia nº 81 de Madrid en el Juicio Ordinario nº 684/18, y estimando la demanda que formularon contra la Dirección General de los Registros y Notariados y contra el Ministerio Fiscal, y por la que impugnaban la Resolución de aquélla de fecha 23 de febrero de 2018, autorizar el cambio del segundo de los apellidos que ostenta su hijo menor Amador, que actualmente es José Pablo , por el de Maximino , ordenándose practicar las correspondientes rectificaciones en las inscripciones de su nacimiento que pudieran obrar tanto en el Registro Civil Consular de la Embajada de España en Irlanda (Dublín), como en el Registro Civil Central. La Audiencia razona del siguiente modo:

«(…) Para la resolución del presente recurso debe partirse del hecho de que el menor Jose Pablo , no sólo tenía la nacionalidad española por ser hijo de madre española ( art. 17 Cc); sino también la brasileña, por ser hijo de padre brasileño (documentos nº 3, 4, 14 y 29 de la demanda); e incluso la irlandesa, al haber nacido en Dublín el … de 2016, es decir, después del 1 de enero de 2.005, y haber residido legalmente allí, al menos uno de sus progenitores, durante tres años de los 4 inmediatamente anteriores a su nacimiento, y conforme establece la Ley de Nacionalidad y Ciudadanía Irlandesa de 1.956, como se expresaba en el certificado expedido por la Embajada de Irlanda en España (Madrid) obrante al folio 225 de las actuaciones, y lo que ya se desprendía de los documentos nº 5 y 28 de la demanda. Que los padres no quisieron que su hijo menor ostentara los apellidos conforme a la legislación española era evidente, desde el momento en que lo inscribieron tanto en la Oficina del Registro de Dublín, como en el Registro de la Embajada de Brasil en Irlanda (Dublín), y antes de acudir al Registro Civil español, como Amador . Es decir, que su primer apellido sería el primero de su madre, pero el segundo, el tercero de los que aparecían en la inscripción de nacimiento de su padre. La legislación española les permitía alterar el orden de los mismos ( art. 109 del CC); pero no utilizar como apellido de la rama paterna el tercero de los varios que el padre pudiere tener. Ahora bien, independientemente de lo que la Ley española pudiera establecer al respecto, lo cierto era que se trataba de un menor ciudadano europeo, conforme a lo establecido en el art. 20.1 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea , al ostentar tanto la nacionalidad española como la irlandesa, y que en base a lo establecido en el art. 18 del mismo, en el ámbito de aplicación de los Tratados, y sin perjuicio de las disposiciones particulares previstas en los mismos, se prohíbe toda discriminación por razón de la nacionalidad. A la vista de tales preceptos, y habida cuenta la interpretación que en relación con la forma de identificar a las personas se realiza en la Sentencia del TJUE de 2 de octubre de 2.003, debe acogerse la pretensión de los recurrentes y autorizar el cambio de los apellidos del menor en la forma que interesan».

«(…) Y es que como se ha logrado acreditar en esta alzada mediante el testimonio o certificado emitido por el Notario Público del Condado y de la ciudad de Dublín y de los Condados de Kildare, Meath y Wicklow, D. Adriano , la legislación irlandesa en materia de atribución de apellidos era muy flexible. En concreto, la Ley de Registro Civil de 2.004 establecía que el apellido del niño que se registrara debería ser: 1º) el de los padres, conforme a lo indicado en el registro de nacimiento de ellos, según lo determine la persona que, de conformidad con la Sección 19, proporciona los detalles requeridos del nacimiento al Registro; y 2º) cualquier otro nombre que puedan solicitar ambos padres o uno de ellos, si el otro está muerto o, si después de haber hecho esfuerzos razonables para buscarlo, no se puede contactar con él. A la vista de tal precepto, las opciones con las que contaban los progenitores del menor a la hora de elegir los apellidos con los que identificarlo, eran múltiples; y más estando ambos de acuerdo, como ocurría en el presente supuesto. Resultaba factible atribuirle tanto el primer apellido de la madre, como el primero del padre, el de ambos, e incluso cualquiera de los que éstos pudieran tener en sus correspondientes inscripciones de nacimiento y en cualquier orden. En este caso, habían decidido que Jose Pablo llevara dos apellidos, uno correspondiente al padre y otro a la madre, si bien alterando el orden de los mismos, y utilizando como primero, el primero de la madre, y como segundo, el tercero del padre. No se puede perder de vista que tanto éste como su hijo eran de nacionalidad brasileña, y a pesar de que la Ley de Registros Públicos de Brasil no hiciera determinación expresa acerca del orden de los mismos, sin embargo, en la práctica normativa habitual heredada de la cultura lusófona, si en la inscripción de nacimiento se incluía el apellido materno, siempre se habría de colocar delante del paterno, si se quería que el hijo fuese conocido como descendiente de dicha familia paterna con preferencia sobre la otra, siendo así como se transmitían los apellidos a las futuras generaciones, y lo que ha quedado acreditado mediante la escritura pública aportada a los autos por los recurrentes con su escrito de recurso y que obra a los folios 427 y 428 de las actuaciones. Además, ésa era la voluntad expresa de los progenitores, al querer que se le conociera, al menos en Brasil, como Maximino , y para lo cual debía ir al final. Decían que ocurría también así en Irlanda. Era una manera de conjugar la legislación española con la tradición o costumbre y la legislación de Brasil, que, además, tenía cabida en la legislación del tercer país -Irlanda-, del que el menor también era nacional. Prueba también, aunque indiciaria, de que la legislación irlandesa aceptaba esa manera de atribuir los apellidos, era el simple hecho de que el encargado o responsable de la Oficina de Registro de Dublín practicó la inscripción de nacimiento en la forma propuesta, sin que conste hubiera habido problema alguno por ello. Que el padre del menor, conforme a la legislación brasileña, ostentaba tres apellidos, siendo el tercero de ellos Maximino , era algo que ni siquiera fue discutido por las partes. Era un apellido que obraba en su inscripción de nacimiento. Así se desprendía de los documentos nº 2, 3, 6, 7 y 14 de los aportados con la demanda. En el 14, que era su pasaporte brasileño, no sólo es que constara que tuviera esos tres apellidos, sino que, además, a la hora de identificar en la primera página a su titular, sólo se indicaba su nombre y el tercero de sus apellidos (Maximino)».

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