Determinadas circunstancias fácticas dibujan un escenario alejado de la prestación de un verdadero consentimiento matrimonial (SAP Madrid, 22ª 2 octubre 2020)

La Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, Sección vigesimosegunda, de 2 de octubre de 2020 desestima un recurso contra la sentencia de instancia que decretó la nulidad del matrimonio contraído por D. Víctor y Dña. Florinda ante el Notario de Madrid, con el siguiente razonamiento:

«(…) el art. 45 Cc exige no un consentimiento cualquiera, sino precisamente un ‘consentimiento matrimonial’, esto es, un consentimiento dirigido a crear una comunidad de vida entre los esposos con la finalidad de asumir los fines propios y específicos de la unión en matrimonio. Aunque el Código Civil español no detalla cuál es la finalidad del matrimonio, sí contiene una «determinación legal» de los «derechos y deberes de los esposos», de modo que es claro que cuando los cónyuges contraen matrimonio deben querer asumir tales derechos y deberes. Por tanto, cuando los contrayentes se unen en matrimonio excluyendo asumir las finalidades, propiedades o efectos esenciales del matrimonio, el consentimiento matrimonial declarado es ‘simulado’  y el matrimonio es nulo por falta de consentimiento matrimonial. Para apreciar o no la existencia de simulación los Tribunales pueden tener en cuenta todos los medios admitidos en Derecho, incluso las presunciones. En la misma línea, se reconoce que el hecho de que el contrayente extranjero resida en España sin la documentación exigida por la legislación de extranjería no se puede inferir, automáticamente, la intención simulatoria, o que los contrayentes no convivan juntos o nunca hayan convivido juntos cuando existan circunstancias que lo impidan, o que tampoco dice nada sobre la intención simulatoria el que los contrayentes se hayan conocido pocos meses o semanas antes del enlace. La nulidad matrimonial es un remedio excepcional para las crisis matrimoniales (o para su declaración en evitación de fraude) y tan solo puede apreciarse cuando conste de manera inequívoca la concurrencia de condicionantes susceptible de integrarse en las previsiones legales. La causa 1ª del art. 73 Cc, contempla el supuesto de ausencia total de consentimiento, causa en la que puede encajarse la simulación o reserva mental, que exigirá prueba plena de que la única y exclusiva razón para prestar el consentimiento matrimonial es la ya comentada, ajena a la voluntad de crear una sociedad de convivencia personal entre los cónyuges. Dado que la prueba de la simulación, por definición, es muy difícil, al no existir pruebas directas, siendo la voluntad de los simuladores precisamente ocultar su verdadera intención al celebrar matrimonio, ha de acudirse frecuentemente a la prueba de presunciones, para cuyo éxito es necesario que entre el hecho demostrado y el que se pretende deducir haya un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano, tal y como se regula en el art. 386 LEC. El criterio en orden a demostrarla simulación matrimonial viene a ser coincidente con el que reiteradamente ha sostenido la doctrina jurisprudencial a propósito de la simulación contractual, ‘que habrá de ser constatada de ordinario, de no mediar otras pruebas, acudiendo a indicios o presunciones para alcanzar la certeza moral de la inexistencia del contrato impugnado, siempre que tales indicios y presunciones resulten de toda evidencia y estén en descuerdo con las pautas de un prudente criterio, ya que de otro modo debe prevalecer la voluntad declarada’, siendo así que los hechos que con más frecuencia sirven para basar la presunción de simulación son la falta de conocimiento o trato anterior a la celebración del enlace por los cónyuges y la falta de convivencia posterior. En el presente caso, pese a las dificultades de probanza y la inexistencia de prueba directa sobre la verdadera intención de la parte (pues es cuestión que pertenece a su arcano íntimo) sí tenemos determinadas circunstancias fácticas que dibujan un escenario alejado de la prestación por la Sra. Florinda de un verdadero consentimiento matrimonial. Y, en efecto, del nuevo análisis de la prueba practicada se desprende que: – Las partes se conocieron en una página digital de contactos a principios de 2016, existiendo entre ellos una diferencia de edad de casi 30 años. – La relación de amistad se ve ampliada a conocimiento personal a través de videoconferencia. – El Sr. Víctor invitó a la Sra. Florinda a Madrid para conocerla personalmente, llegando la misma a España desde México en febrero de 2016. – Para que la Sra. Florinda pudiera regularizar su situación en España tanto a nivel personal como de negocio el Sr. Víctor procedió a darle de alta en el padrón municipal en fecha 29 de febrero de 2016 y como no era posible que la Sra. Florinda pudiera darse de alta en actividad empresarial alguna el Sr. Víctor en fecha 18 de abril del mimo año se dio de alta bajo el epígrafe actividades de publicidad entregándole a la Sra. Florinda una tarjera de crédito vinculada a su cuenta corriente. – La Sra. Florinda a los tres meses de estar en España con visado de turista se fue a Reino Unido regresando a España de nuevo a los tres meses. – Conociendo por una abogada que la forma más rápida de regularizar su situación sería contrayendo matrimonio, el mismo, tras instruirse el correspondiente expediente matrimonial, se celebra ante Notario el 8 de noviembre de 2016. – No acudió a la celebración ningún familiar de la Sra. Florinda ni el Sr. Florinda conoció a ningún familiar de la misma, tampoco la Sra. Florinda publicó ninguna fotografía de la boda ni de la celebración. – El matrimonio duró escasos meses al haberse celebrado el 8 de noviembre de 2016 y haber formulado denuncia la Sra. Florinda el 8 de enero de 2017. – Después de la celebración del matrimonio la Sra. Florinda cambió, llevando una vida independiente y al margen de la del Sr. Víctor y desconocida para él. – Tras la denuncia que le interpuso por violencia de género, la Sra. Florinda salió del domicilio familiar el 8 de enero de 2017 al que no regresó. Los hechos expuestos son absolutamente incompatibles con una relación matrimonial genuina y evidencian que al tiempo de su celebración el consentimiento matrimonial otorgado por parte de la Sra. Florinda realmente no existió y que, por tanto, nos encontramos ante un matrimonio simulado. En consecuencia puede concluirse que en este caso la Sra. Florinda no tuvo voluntad real de asumir las obligaciones propias de una unión matrimonial sino que el matrimonio celebrado lo fue sin la concurrencia de un verdadero consentimiento para contraerlo y tan solo como medio para obtener otros fines distintos, como pudiere ser el orillar o paliar los obstáculos derivados de la normativa sobre extranjería para la obtención o renovación de la tarjeta de residencia en territorio español. Por tanto esta Sala deduce nítidamente que la intención de la Sra. Florinda no era la de contraer matrimonio (de prestar verdadero consentimiento matrimonial) sino otra que solo ella conoce y que vicia de nulidad el matrimonio celebrado, nulidad acordada en la Sentencia de instancia que debe ser confirmada con los efectos inherentes a tal declaración».

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