El Tribunal Supremo de Estados Unidos declara que la Ley Helms-Burton excluye la inmunidad soberana de las entidades instrumentales cubanas (Sentencia 23 junio 2026)

La Sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de 23 de junio de 2026, Exxon Mobil Corp. v. Corporación CIMEX, S.A. (Cuba), et al. (No. 24-699), ponencia del juez Brett M. Kavanaugh, estima el recurso de certiorari, revoca la sentencia del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia y declara que el Título III de la Ley Helms-Burton constituye, por sí mismo, una excepción legal a la inmunidad soberana de las entidades instrumentales cubanas. En consecuencia, los nacionales estadounidenses que ejerciten acciones al amparo de dicha Ley no necesitan acreditar la concurrencia de ninguna de las excepciones previstas en la Foreign Sovereign Immunities Act (FSIA).

Antecedentes

La controversia encuentra su origen en las medidas de nacionalización adoptadas por el Gobierno revolucionario cubano tras la llegada al poder de Fidel Castro. En 1960 fueron confiscados sin indemnización diversos activos pertenecientes a filiales de Exxon, entre ellos una refinería de petróleo, terminales de almacenamiento, plantas de envasado y más de un centenar de estaciones de servicio. Desde entonces, tales instalaciones fueron explotadas por las empresas estatales Unión Cuba-Petróleo (CUPET) y Corporación CIMEX, S.A., que continuaron desarrollando actividades de extracción, refinado, distribución y comercialización de productos petrolíferos sobre los bienes expropiados.

Con el propósito de ofrecer un mecanismo de reparación a los nacionales estadounidenses cuyos bienes hubieran sido confiscados por el Gobierno cubano, el Congreso de los Estados Unidos aprobó en 1996 la Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act, conocida como Ley Helms-Burton. Su Título III reconoce una acción civil contra cualquier persona que «trafique» con bienes confiscados, aunque el propio legislador facultó al Presidente para suspender periódicamente la eficacia de esta acción por razones de política exterior y seguridad nacional. Todos los Presidentes estadounidenses hicieron uso de esa facultad desde la entrada en vigor de la Ley hasta 2019, cuando la Administración Trump decidió no renovar la suspensión y permitió por primera vez el ejercicio efectivo de estas demandas.

Ese mismo día, Exxon Mobil interpuso una demanda ante el Tribunal de Distrito del Distrito de Columbia reclamando más de mil millones de dólares por el aprovechamiento continuado de los bienes confiscados. La compañía sostuvo que CUPET, CIMEX y una sociedad panameña considerada alter ego de esta última habían traficado ilícitamente con los activos expropiados mediante la extracción, refinado e importación de petróleo y la explotación de estaciones de servicio situadas en las antiguas propiedades de Exxon. Las entidades demandadas solicitaron la inadmisión de la demanda invocando la inmunidad de jurisdicción reconocida por la Foreign Sovereign Immunities Act (FSIA). El Tribunal de Distrito rechazó que la Ley Helms-Burton derogase por sí misma dicha inmunidad, aunque entendió que respecto de una de las demandadas podía resultar aplicable la excepción relativa a actividades comerciales. Posteriormente, el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia confirmó, por mayoría, que la FSIA seguía siendo aplicable y ordenó devolver el asunto al tribunal de instancia para examinar nuevamente la concurrencia de aquella excepción. Frente a esta decisión, Exxon interpuso recurso de certiorari, que fue estimado por el Tribunal Supremo.

Apreciaciones del Tribunal Supremo

El Tribunal Supremo revoca esa interpretación y concluye que el propio Título III de la Ley Helms-Burton elimina la inmunidad jurisdiccional de las agencias e instrumentalidades cubanas. La sentencia recuerda que el Congreso puede levantar la inmunidad soberana siempre que esa voluntad resulte claramente deducible del conjunto de la norma, sin necesidad de utilizar fórmulas sacramentales. A juicio del Tribunal, la Ley Helms-Burton cumple sobradamente ese requisito al reconocer una acción directa frente a cualquier «persona» que trafique con bienes confiscados e incluir expresamente dentro de ese concepto a las agencias e instrumentalidades de un Estado extranjero. Añade que una interpretación distinta vaciaría de contenido el Título III, pues las excepciones de la FSIA —en particular las relativas a la expropiación y a la actividad comercial— resultarían prácticamente inaplicables en el contexto del embargo económico impuesto a Cuba. La Sala también destaca que el legislador atribuyó competencia a los tribunales federales con arreglo a la jurisdicción federal ordinaria del artículo 1331 del Title 28 y no mediante el régimen jurisdiccional específico de la FSIA, reforzando así el carácter autónomo del mecanismo establecido por la Ley Helms-Burton. Finalmente, considera significativo que el Congreso confiara al Presidente la facultad de suspender temporalmente el ejercicio de estas acciones por razones de política exterior, reproduciendo un sistema próximo al existente antes de la promulgación de la FSIA de 1976. Frente a ello, la opinión discrepante sostiene que una derogación de la inmunidad soberana exige una manifestación legislativa mucho más explícita.

De conformidad con la presente sentencia:

A congressional waiver of sovereign immunity must be “clearly discernible from the sum total” of Congress’s “work,” Department of Agriculture Rural Development Rural Housing Service v. Kirtz, 601 U. S. 42, 55. Four points, taken together, lead to the conclusion that the Helms-Burton Act clearly abrogated the foreign sovereign immunity of Cuban agencies and instrumentalities. Pp. 5–22.

(a) First, under this Court’s precedents, a statute creating a cause of action that explicitly applies against a sovereign waives the immunity of that sovereign “even without a separate waiver provision,” id., at 53. The Helms-Burton Act’s cause of action expressly applies against Cuban agencies and instrumentalities: Section 6082(a)(1)(A) confers a private right of action for any U. S. national whose “property” was “confiscated by the Cuban Government,” running against “any person that . . . traffics in” the confiscated property, and Section 6023(11) defines “person” to include “any agency or instrumentality of a foreign state.” This Court’s general sovereign immunity precedents—most recently Kirtz—hold that when Congress creates a cause of action and expressly applies it against government agencies or instrumentalities, Congress has abrogated sovereign immunity, see id., at 49–50. Pp. 8– 11.

(b) Second, Congress does not ordinarily enact self-defeating statutes, see Quarles v. United States, 587 U. S. 645, 654, or “authorize a suit against a sovereign with one hand, only to bar it with the other,” Financial Oversight and Management Bd. for P. R. v. Centro De Periodismo Investigativo, Inc., 598 U. S. 339, 348. The Cuban government defendants’ interpretation would largely negate the Helms-Burton Act’s cause of action because the potentially relevant FSIA exceptions—the expropriation exception, 28 U. S. C. §1605(a)(3), and the commercial-activity exception, §1605(a)(2)—would require a plaintiff to demonstrate that the Cuban instrumentalities engaged in commercial activity in the United States or committed acts with direct effects in the United States. But a plaintiff suing under the Helms-Burton Act could almost never meet those exceptions because the Act simultaneously codified a comprehensive economic embargo against Cuba and barred most commercial interactions between Americans and Cubans. See 22 U. S. C. §6032(h); see, e.g., 31 CFR §§515.201(b), 515.204. Pp. 11–13.

(c) Third, the Helms-Burton Act provides that suits under the Act fall within the general federal-question jurisdiction of 28 U. S. C. §1331, not under the FSIA’s §1330. Title 22 U. S. C. §6082(c)(1) states that Title 28’s provisions apply to suits under the Act “to the same extent as . . . any other action brought under section 1331 of title 28.” (Emphasis added.) By making suits under the Helms-Burton Act subject to §1331 rather than §1330, Congress made clear that actions under the Act are not actions under the FSIA. Pp. 13–15.

(d) Fourth, the Helms-Burton Act grants the President plenary power to suspend suits under the Act based on current national security and foreign policy assessments, operating similarly to how foreign sovereign immunity operated before the 1976 enactment of the FSIA. Under both the Act and the pre-FSIA immunity regime, immunity decisions were the province of the Executive Branch. It is not plausible to conclude that Congress chose to reinstate the pre-FSIA immunity regime in the Helms-Burton Act while simultaneously subjecting suits under the Act to the FSIA. Pp. 15–18.

(e) The Cuban government defendants’ counterarguments fail. The implied-repeal canon does not apply because the Helms-Burton Act contains many express indications that the Act is a standalone statutory exception to foreign sovereign immunity. And contrary to the Cuban government defendants’ arguments, Congress does not need to use “magic words” to abrogate sovereign immunity, Kirtz, 601 U. S., at 48; Congress must simply make a waiver “clearly discernable” from the “sum total” of its work, id., at 55 (quotation marks omitted), which the Helms-Burton Act did through its many provisions indicating that Cuban agencies and instrumentalities could and would be sued. That an earlier draft of the Helms-Burton Act expressly waived sovereign immunity while the final version did not is simply another magic-words requirement. Pp. 18–21.

111 F. 4th 12, reversed and remanded.

KAVANAUGH, J., delivered the opinion of the Court, in which ROBERTS, C. J., and THOMAS, ALITO, GORSUCH, and BARRETT, JJ., joined. KAGAN, J., filed a dissenting opinion, in which SOTOMAYOR and JACKSON, JJ., joined.

Deja un comentarioCancelar respuesta