La mediación francesa culmina una etapa decisiva con la presentación del informe final del Consejo Nacional de Mediación (CNM), órgano creado en 2023 por el Ministerio de Justicia con la misión de impulsar una política pública estable en favor de los métodos amistosos de solución de controversias. Tras tres años de actividad, el CNM ha entregado un documento de balance y propuestas que reúne setenta y cinco recomendaciones dirigidas a las autoridades públicas y a los operadores de la mediación, orientadas a fortalecer la profesionalización del sector, mejorar la formación de los mediadores, consolidar estándares éticos comunes y favorecer una utilización más amplia de la mediación en la sociedad francesa.
Un balance de tres años de transformación institucional
El informe fue presentado al Ministerio de Justicia el 16 de abril de 2026, coincidiendo con la finalización del mandato del primer Consejo Nacional de Mediación. La institución había sido creada por la Ley de 22 de diciembre de 2021 sobre la confianza en la institución judicial y comenzó formalmente sus trabajos en junio de 2023 bajo la presidencia de Frédérique Agostini, magistrada del Tribunal de Casación y figura destacada de la mediación judicial francesa. Desde su constitución, el Consejo asumió funciones consultivas y de propuesta en materias tan diversas como la ética de los mediadores, la formación profesional, la elaboración de estándares nacionales y el desarrollo de políticas públicas destinadas a promover la resolución amistosa de controversias.
La creación del CNM respondió a una reflexión más amplia sobre la modernización de la justicia francesa. El informe recuerda que los Estados Generales de la Justicia habían advertido en 2022 sobre las dificultades estructurales que atravesaba el sistema judicial y habían defendido la necesidad de reforzar mecanismos capaces de ofrecer respuestas complementarias a la jurisdicción estatal. Dentro de esa estrategia, la mediación pasó a ocupar una posición central como instrumento destinado a facilitar soluciones negociadas, reducir la litigiosidad y favorecer una relación más cooperativa entre ciudadanos e instituciones.
La composición plural del Consejo permitió reunir representantes de la magistratura, la abogacía, la universidad, las profesiones de mediación y diversos sectores especializados. Tal diversidad favoreció la elaboración de propuestas que integran experiencias procedentes de la mediación civil, mercantil, familiar, administrativa, institucional, territorial y de consumo.
Una concepción amplia de la mediación como instrumento de cohesión social
Uno de los elementos más relevantes del informe reside en la definición de una visión unitaria de la mediación. El CNM considera que la mediación constituye un proceso voluntario y cooperativo mediante el cual las personas, asistidas por uno o varios terceros independientes e imparciales, buscan prevenir o resolver amistosamente sus conflictos y restablecer relaciones deterioradas. Desde esa perspectiva, la mediación no aparece únicamente como una técnica de gestión de controversias, sino también como un mecanismo orientado a reforzar la confianza social y a mejorar la percepción ciudadana de la justicia.
La institución ha insistido en que tanto la mediación judicial como la extrajudicial forman parte de una misma política pública de pacificación social. Por tal motivo, el informe persigue la construcción de una identidad profesional común capaz de integrar prácticas diversas bajo unos principios compartidos de independencia, imparcialidad, competencia técnica y calidad de servicio.
Lejos de promover nuevas obligaciones legales o sistemas generalizados de premediación obligatoria, el Consejo opta por una estrategia gradual basada en el fortalecimiento de los mecanismos ya existentes. La filosofía general del documento consiste en mejorar las estructuras actualmente operativas antes que multiplicar nuevas categorías normativas o procedimientos adicionales.
Setenta y cinco recomendaciones para construir una identidad profesional compartida
La pieza central del informe la constituyen las setenta y cinco recomendaciones formuladas por el CNM. Muchas de ellas pueden aplicarse sin reformas legislativas ni inversiones significativas, circunstancia que explica su carácter eminentemente operativo.
Las propuestas abarcan materias muy diversas. Una parte importante se dedica a la elaboración de principios éticos comunes para los mediadores, mientras que otro conjunto de recomendaciones se orienta a reforzar la formación inicial y continua. Asimismo, se incluyen medidas destinadas a mejorar la información ofrecida a los ciudadanos, promover la evaluación de las actividades de mediación, aumentar la visibilidad de los servicios disponibles y fomentar la utilización de estos mecanismos por empresas, aseguradoras y otros actores económicos.
Particular relevancia adquieren las recomendaciones dirigidas a impulsar formas de autorregulación profesional. El Consejo considera que la adhesión voluntaria de los operadores a estándares comunes puede contribuir de manera más eficaz al desarrollo de la mediación que una proliferación constante de normas imperativas. La finalidad perseguida consiste en generar una cultura profesional compartida que eleve los niveles de calidad y confianza sin depender exclusivamente de la intervención legislativa.
La ética profesional como eje de la reforma
Entre los aspectos más desarrollados del informe destaca la elaboración de un auténtico cuerpo de principios deontológicos aplicables a la práctica de la mediación. El CNM considera que la credibilidad de la institución depende en gran medida de la existencia de reglas éticas claras que orienten el comportamiento de los mediadores y refuercen la confianza de los usuarios.
Las obligaciones de confidencialidad ocupan una posición central dentro de ese sistema. El informe recuerda que el deber de reserva debe extenderse a todas las etapas del procedimiento y abarcar cuanto se diga, escriba o realice durante el proceso de mediación. A su vez, corresponde al mediador informar a las partes de la existencia y alcance de dicha obligación, así como velar por su respeto durante todo el desarrollo de las actuaciones. Las excepciones quedan limitadas a los supuestos previstos por la ley, especialmente cuando concurran razones imperiosas de orden público, exigencias de protección de menores o necesidades vinculadas a la ejecución del acuerdo alcanzado.
Junto a la confidencialidad, el informe insiste en la importancia de preservar la calidad de los intercambios entre las partes, fomentar comportamientos cooperativos y garantizar condiciones adecuadas para el diálogo. El mediador aparece así como un tercero responsable de crear un espacio de comunicación basado en el respeto mutuo y la buena fe.
Formación continua y profesionalización de los mediadores
La formación constituye otro de los grandes pilares de las propuestas formuladas por el Consejo. El informe sostiene que la legitimidad del mediador depende en buena medida de la adquisición de competencias específicas y de la actualización permanente de sus conocimientos. En consecuencia, la formación inicial es concebida como un requisito indispensable para ejercer adecuadamente las funciones de mediación, mientras que la formación continua, el análisis de prácticas, la supervisión y la tutoría profesional (mentoring) aparecen como instrumentos necesarios para garantizar la calidad de los servicios prestados.
Las recomendaciones también pretenden reforzar los mecanismos de acreditación y evaluación profesional. Según el Consejo, la consolidación de una verdadera identidad profesional exige que los mediadores puedan acreditar en todo momento el cumplimiento de los estándares formativos exigibles y participen activamente en procesos permanentes de perfeccionamiento.
Mediación familiar, información ciudadana y acceso efectivo a los servicios
Una parte significativa del informe se dedica a la mediación familiar, ámbito en el que el CNM aprecia importantes posibilidades de desarrollo. Las recomendaciones proponen ampliar la información proporcionada a las familias, incorporar referencias sistemáticas a la mediación en políticas públicas relacionadas con la parentalidad y la protección de menores, y mejorar la visibilidad de los recursos existentes a través de plataformas públicas de información.
La institución propone igualmente que las personas reciban información específica sobre la mediación en momentos especialmente relevantes de la vida familiar, como la celebración de matrimonios o uniones civiles, el nacimiento de hijos o determinados procedimientos administrativos relacionados con la familia. La finalidad consiste en familiarizar progresivamente a la ciudadanía con mecanismos de solución amistosa antes de que aparezcan situaciones conflictivas.
Otra recomendación relevante consiste en favorecer la coordinación entre la mediación y otros instrumentos de resolución consensuada de controversias. Cuando un caso no reúna las condiciones necesarias para una mediación eficaz, el profesional debería informar a las partes sobre la existencia de mecanismos alternativos, incluidos el arbitraje, el derecho colaborativo, la negociación asistida o diversos procedimientos participativos.
La transformación digital y la inteligencia artificial bajo supervisión humana
El informe dedica también una atención particular a las tecnologías digitales y al empleo de sistemas de inteligencia artificial en la práctica de la mediación. Lejos de rechazar su utilización, el Consejo reconoce las oportunidades que ofrecen dichas herramientas para facilitar determinadas tareas organizativas o de apoyo. Sin embargo, establece como principio irrenunciable la preservación del control humano sobre el procedimiento.
Las recomendaciones exigen que los mediadores informen previamente a los participantes cuando recurran a herramientas basadas en inteligencia artificial y obtengan su consentimiento antes de utilizarlas. Igualmente, se insiste en la necesidad de garantizar que los sistemas tecnológicos empleados no comprometan la confidencialidad del proceso. La mediación es definida expresamente como una actividad esencialmente humana y relacional que no puede reducirse a un tratamiento automatizado de datos personales o de información relativa al conflicto.
Evaluación, difusión y fortalecimiento de las políticas públicas de mediación
El Consejo considera indispensable mejorar el conocimiento estadístico de la mediación para orientar adecuadamente las decisiones públicas. Diversas iniciativas impulsadas durante el mandato del CNM han perseguido precisamente la recopilación de información sobre la utilización efectiva de estos mecanismos y la evaluación de sus resultados. Entre ellas figura el apoyo prestado a la elaboración de herramientas estadísticas específicas y la realización de mapas de mediadores destinados a facilitar el acceso de los ciudadanos a profesionales cualificados.
Del mismo modo, el informe destaca la colaboración del Consejo en actividades de promoción y difusión, así como su contribución a la Semana Internacional de la Mediación y a diversas iniciativas orientadas a aumentar la visibilidad pública de estos procedimientos.
Una apuesta estratégica por una justicia plural
La conclusión del informe mantiene un tono deliberadamente prospectivo. Los autores consideran que durante el período 2023-2026 se han establecido bases sólidas para el desarrollo de la mediación en Francia, aunque reconocen que todavía queda un amplio recorrido para convertir la resolución amistosa de conflictos en una práctica plenamente integrada en la cultura jurídica y social del país.
A juicio del Consejo Nacional de Mediación, la consolidación de una justicia plural, capaz de combinar eficazmente jurisdicción estatal y mecanismos consensuales de solución de controversias, constituye uno de los principales desafíos de los próximos años. La aplicación progresiva de las recomendaciones formuladas permitiría reforzar la confianza ciudadana en la mediación, mejorar la calidad de los servicios disponibles, favorecer un desarrollo sostenible de la profesión y aumentar el atractivo del sistema jurídico francés. Todo ello exige, según el informe, una voluntad política sostenida y la implicación activa de instituciones, profesionales y usuarios en la construcción de una cultura de diálogo orientada a la prevención y solución cooperativa de los conflictos.
