Entre los días 2 y 6 de junio de 2025, Londres acogió una nueva edición de la London International Disputes Week (LIDW25), reafirmándose como una de las citas ineludibles del calendario global de la resolución de disputas. La convocatoria reunió a destacados profesionales, académicos y responsables institucionales, generando un espacio de análisis sobre la innovación en los métodos de solución de conflictos y los riesgos transfronterizos que condicionan su evolución.
El arbitraje y la transformación tecnológica marcan la agenda
El arbitraje internacional volvió a ocupar un lugar central, estructurando más de sesenta sesiones que abordaron desde la interacción entre arbitraje y litigación hasta la consolidación de centros como Singapur y Londres. Se destacó especialmente el creciente protagonismo de India y de otras jurisdicciones emergentes como África, Asia Central, los Balcanes y Turquía. En paralelo, cobraron relevancia cuestiones como la actualización de reglamentos (destacándose las SIAC Rules 2025) y la aplicación de la inteligencia artificial a la práctica arbitral, sin soslayar los dilemas éticos y regulatorios que suscita su incorporación.
Una constante transversal fue la reflexión sobre el fraude económico y la recuperación de activos, con atención a los nuevos riesgos derivados de la digitalización, como el fraude criptográfico y los desafíos en la trazabilidad de activos. La práctica de insolvencia transfronteriza también suscitó debates, poniendo de relieve la función de Londres como plaza de referencia para la ejecución y recuperación global de activos, especialmente en litigios con componente offshore.
El programa incluyó espacios de formación práctica, como el YAYAH Academy Workshop, centrado en técnicas de preparación de testigos, donde se exploraron las diferencias entre la tradición civilista y el common law, enfatizando la delgada línea entre la preparación legítima y la inducción impropia. A su vez, la sesión “PO 1 Playbook” destacó el valor estratégico de la Orden Procesal Nº 1 en arbitraje, abordando su redacción, la gestión documental y la integración responsable de la inteligencia artificial como palanca de eficiencia.
Geopolítica, sostenibilidad y acciones colectivas: nuevos focos de tensión
La dimensión geopolítica y los conflictos transfronterizos ocuparon un espacio de primer orden. Se analizaron los efectos de las sanciones, el comercio global y la volatilidad derivada de la actual coyuntura, prestando especial atención al régimen de controversias inversor-Estado (ISDS) y al papel de Londres en la resolución de disputas derivadas de tratados con América Latina.
Destacó asimismo un panel sobre la negociación y marco normativo del acuerdo de minerales entre Ucrania y Estados Unidos, organizado por Winston & Strawn junto con la Asociación de Abogados de Ucrania. Se abordaron los desafíos legales de los contratos de producción compartida y la necesidad de armonizar la legislación ucraniana para garantizar la seguridad jurídica de la inversión. La participación activa de profesionales ucranianos reflejó la integración creciente de Ucrania en la comunidad global de arbitraje.
El auge de los litigios vinculados a ESG y sostenibilidad reafirmó su posición como tendencia consolidada. Las disputas climáticas y energéticas, junto con los riesgos de greenwashing y litigios por responsabilidad medioambiental, ocuparon un lugar destacado. África se perfila como una región estratégica en esta materia, por su riqueza de recursos y el dinamismo de la inversión en minería e infraestructura.
Finalmente, se constató la expansión de las acciones colectivas, especialmente en Reino Unido, donde los litigios masivos y la financiación procesal post-PACCAR están transformando la accesibilidad y el alcance de este tipo de procedimientos, con fuerte componente tecnológico y la influencia creciente de la conversación pública a través de redes sociales.
Como era de esperar, la LIDW25 ratificó la vigencia de Londres como enclave estratégico para la resolución de disputas, mientras anticipa un futuro inmediato marcado por la convergencia entre arbitraje y tecnología, la complejidad geopolítica, la sostenibilidad como vector transversal y el afianzamiento de estándares éticos en un contexto de innovación constante.
