Cuando la gran ideología del socialismo comenzó a desmoronarse en la década de 1970, Elías Díaz fue capaz de llenar el vacío que había surgido, guiando a la izquierda hacia los ideales occidentales y hacia al reconocimiento de la democracia y de los derechos humanos (3 febrero 2025)

Todavía bajo el impacto del fallecimiento del profesor Elías Díaz el día de hoy (3 de febrero de 2025), procedo a dar cuenta de tan triste noticia. Hemos perdido un gran maestro y, sobre todo, una grandísima y admirada persona, comprometida en la construcción de una sociedad más equitativa. Cuando la gran ideología del socialismo comenzó a desmoronarse en la década de 1970, fue capaz de llenar el vacío que había surgido guiando cuidadosamente a la izquierda fuera de su terquedad materialista hacia los ideales occidentales y hacia al reconocimiento de la democracia y de los derechos humanos. Este es innegablemente uno de sus logros duraderos.

Tuve la ocasión de convivir con Elías Díaz en la Universidad de Oviedo, tras su incorporación a la misma como Catedrático de Filosofía del Derecho en 1974, en los difíciles años de la transición política. Precisamente en un momento en que mi compañero de curso Manuel Atienza fue acogido en la Cátedra del recién llegado y yo en la de Julio D. González Campos, orientándome hacia las disciplinas internacionalistas. De esta época figuran estas líneas, que escribí hace unos años y que ahora vez la luz, como cariñoso recuerdo, a quien tanto apreciaba y tanto debo.

Rememorando los tiempos de la Institución Libre de Enseñanza

“Aunque a título de Catedrático Julio D. González Campos permaneció en su primera etapa ovetense “solo ante el peligro” las más de las veces tuvo ciertas compañías que se fueron ampliando con el paso de los años. Tras una difícil trayectoria para obtener la Cátedra, Elías Díaz, amigo de Julio del César Carlos y de la Universidad Complutense, se incorporó casi coetáneamente a la Universidad de Oviedo en 1974, donde hubo de hacer frente a un Departamento profundamente escolástico que sorprendía por estar lleno sofisticadas máquinas eléctricas destinadas a la producción de libros que ninguna editorial digna de tal nombre hubiese querido publicar. Eran personalidades radicalmente distintas y acaso por esta razón la relación nunca tuvo ninguna fractura. Ambos estaban convencidos de que la vida universitaria debía estar caracterizada por la interdisciplinariedad, la relación entre todos los saberes y estudios, la necesidad de trabajar en mayor contacto con la realidad y, fundamentalmente, por una actitud crítica y autocrítica. Y fueron consecuentes con estos postulados. Con la vista siempre puesta en Madrid, donde estaba poniendo en marcha la Revista Sistema con la idea de servir de plataforma socialista moderada en los últimos años del franquismo y con el propósito de construir las bases de un futuro político de convivencia y tolerancia, que hoy es una de las más prestigiosas de su especialidad [su Consejo de redacción estaba compuesto por una gran mayoría de profesores universitarios: E. Gimbernat, R. Mesa, G. Peces–Barba, C. Moya, G. de Esteban, F. Morán y G. Puente Ojeda], al tiempo que trataba de resolver la duda de donde ubicarse dentro de los numerosos grupos que conformaban la familia socialista, Elías quedó pronto subyugado por la atracción de Asturias: allí fijaría desde entonces y hasta la actualidad su residencia veraniega y allí fue donde recibió uno de los primeros carnets del PSOE, que le fue entregado en el curso de una fiesta minera. Pese a la gran amistad que les unía, no secundó a Julio en su lucha contra el poder local. Frente a la exigencia de Julio con los estudiantes, Elías era tan permisivo que llegó a sugerir en un examen final que contestasen al tema que quisieran de la asignatura “tanto si está en el programa, como si no”: naturalmente los alumnos le adoraban. Frente a los profesores locales nunca mantuvo una posición beligerante, preocupándose en las Juntas de Facultad por la necesidad de limpiar los retratos de los antiguos rectores que adornaban la Sala (por cierto, que aún no figuraba, por razones obvias, el del antiguo rector Leopoldo Alas Argüelles, fusilado en febrero de 1937 a los 54 años): en el lenguaje actual, Elías “pasaba” acertadamente de la Facultad de Derecho. Pero al igual que Julio, fue víctima de un total hostigamiento policial, sobre todo durante los dos años anteriores a la muerte de Franco, que dio lugar a la expulsión de la Universidad y ulterior procesamiento por el Tribunal de Orden Público de dos profesores ayudantes pertenecientes a sus respectivas Cátedras por participar en un acto conmemorativo del aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos en diciembre de 1974 [este incidente se relata con detalle en el prólogo del libro de M. Atienza, E. Díaz, J.C. Fernández Rozas, J.D. González Campos y G. Peces–Barba, Política y derechos humanos, Valencia, Torres, 1976]. Y todo ello ante la complacencia del nuevo Rector, nombrado en 1973, José Miguel Caso González (cuyo epitafio podría ser: “yera un namoráu d’Asturies y considerábase fíu de l’Asturies rural”), totalmente continuista de su predecesor José Virgili Vinadé, quien durante su mandato demostró no tener la sensibilidad del personaje objeto de sus investigaciones literarias, que no era otro que el liberal Jovellanos.

Posteriormente Julio y Elías continuarían en sintonía directa, hasta su jubilación, en la Universidad Autónoma de Madrid donde, por fin, ambos recalaron y quiso el destino que la Universidad Carlos III los nombrase conjuntamente doctores honoris causa en un emotivo acto donde Elías evocó los tiempos pasados (marcados siempre por las muertes de Emilio Ruano y de Francisco Tomás y Valiente, que fue asesinado por la organización terrorista ETA mientras hablaba con él por teléfono), en tanto que Julio aventuró siniestros presagios para la justicia española a partir de una adaptación de El Proceso de Kafka a los tiempos modernos, sin perder la nota de hilaridad inherente al autor de un absurdo que ha agobiado y angustiado tanto”.

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