En un dictamen titulado Reforzar la orientación a los resultados de la política de cohesión posterior a 2027: desafíos, riesgos y oportunidades adoptado el 26 de febrero de 2025, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) destaca la necesidad de un enfoque orientado a los resultados para garantizar que la política de cohesión siga generando beneficios tangibles al tiempo que reduce las desigualdades y promueve la competitividad sostenible.
La política de cohesión ha sido durante mucho tiempo un pilar de la integración europea, al promover la unidad económica, social y geográfica en toda la UE. A medida que el marco financiero plurianual (MFP) posterior a 2027 toma forma, es esencial modernizar la política de cohesión para aumentar la eficiencia, la sostenibilidad y la capacidad de respuesta a los nuevos desafíos.
El MFP 2028+ necesitará una revisión profunda para apoyar el desarrollo regional, la transformación ecológica y digital y la competitividad económica. La política de cohesión sigue siendo vital, pero debe evolucionar para ser más eficiente y tener mayor impacto. Con necesidades de inversión que superan los 750 000-800 000 millones de euros anuales, mantener una financiación sólida de la UE es crucial para reducir las disparidades regionales e impulsar el crecimiento sostenible.
Como afirma el ponente del CESE, David Sventek , «la política de cohesión debe seguir siendo el instrumento clave de la UE para el desarrollo regional. Un enfoque orientado a los resultados garantiza que cada euro gastado contribuya al bienestar económico y social».
Para hacer frente a estos desafíos, el CESE pide que la capacidad presupuestaria de la UE se mantenga como mínimo en el 1,8 % del PIB de la UE y que se incremente la proporción asignada a la política de cohesión en el próximo MFP. Esto es esencial para abordar los desafíos emergentes, incluidas las transiciones ecológica y digital, los cambios demográficos y las disparidades sociales.
Principios clave
Para lograr una política de cohesión más eficaz, el CESE recomienda respetar los principios siguientes:
- Asociación y gobernanza multinivel: la política de cohesión debería gestionarse mediante una responsabilidad compartida entre las autoridades de la UE, nacionales, regionales y locales, garantizando la participación activa de la sociedad civil organizada;
- Enfoques basados en el lugar y en los temas: las políticas deben adaptarse a las necesidades específicas de las diferentes regiones, especialmente las que enfrentan desafíos estructurales, como las regiones menos desarrolladas, las de transición justa y las vulnerables;
- Orientación a los resultados: el apoyo financiero debe estar condicionado a resultados mensurables para mejorar la transparencia y garantizar que los fondos generen beneficios socioeconómicos reales;
- Simplificación y condicionalidades sociales: reducir la complejidad burocrática y garantizar que las inversiones contribuyan a la cohesión social son claves para mejorar la eficacia de las políticas.
Desafíos, riesgos y oportunidades
El cambio hacia una política de cohesión orientada a los resultados presenta oportunidades y desafíos. Si bien garantiza una asignación más eficiente de los recursos y una mayor rendición de cuentas, también requiere ajustes significativos en la aplicación, el seguimiento y la evaluación. Para abordar esto, el CESE aboga por:
- Equilibrar la competitividad con la inversión social: la política de cohesión debe garantizar que ninguna región quede atrás y al mismo tiempo apoyar el crecimiento económico;
- Asistencia técnica y creación de capacidad: es crucial fortalecer el papel de las organizaciones de la sociedad civil en la implementación y supervisión de políticas;
- Supervisión inteligente: las obligaciones basadas en resultados deberían integrarse en los mecanismos de auditoría y supervisión sin crear cargas administrativas innecesarias.
