Mario Draghi detalló a los eurodiputados el 10 de septiembre de 2024 sus propuestas para relanzar la competitividad en la Unión Europea. El Debate tendrá lugar el 17 de septiembre.
A petición de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, el ex presidente del Banco Central Europeo y ex primer ministro de Italia elaboró un informe titulado “El futuro de la competitividad europea” (informe Dragui) sobre el estado de la economía europea y cómo reactivarla. El texto concluye que Europa afronta un desafío «existencial» y advierte de que retrasar la búsqueda de soluciones obligará a tomar decisiones más drásticas.
El informe muestra preocupación por la ralentización del crecimiento en la UE desde principios del siglo XXI, destacando que, a pesar de diversas estrategias, la brecha en el PIB con EE.UU. ha aumentado, especialmente debido a una menor productividad en Europa afectando el nivel de vida, con una renta per cápita que ha crecido casi el doble en EE.UU. en comparación con la UE desde 2000. Aunque el desempleo en Europa ha disminuido y las exportaciones han crecido en mercados como Asia, el contexto global favorable está cambiando. La UE enfrenta desafíos como la pérdida de acceso a energía de Rusia, la disminución de la estabilidad geopolítica y una menor competitividad tecnológica.
La falta de participación de Europa en la revolución digital ha contribuido a la brecha de productividad con EE.UU. Además, la población activa en la UE disminuirá en los próximos años, lo que obligará a depender más de la productividad para crecer. Se requiere un aumento de la inversión para digitalizar y descarbonizar la economía, así como fortalecer la defensa, pero sin un aumento significativo de la productividad, Europa no podrá cumplir con todas sus aspiraciones tecnológicas, climáticas y sociales. Si no se actúa, la UE podría tener que reducir sus ambiciones o comprometer su modelo social y sus valores fundamentales. La solución es un cambio radical para aumentar la productividad y el crecimiento, preservando la equidad y la inclusión social.
Áreas de actuación para reactivar el crecimiento
El informe identifica tres áreas principales de actuación para reactivar el crecimiento sostenible.
Cierre de la brecha de innovación con Estados Unidos y China, especialmente en tecnologías avanzadas
En primer lugar, y lo que es más importante, Europa debe reorientar profundamente sus esfuerzos colectivos para cerrar la brecha de innovación con Estados Unidos y China, especialmente en tecnologías avanzadas. Europa está atrapada en una estructura industrial estática con pocas empresas nuevas que surjan para perturbar las industrias existentes o desarrollar nuevos motores de crecimiento. De hecho, no hay ninguna empresa de la UE con una capitalización bursátil superior a 100.000 millones de euros que se haya creado desde cero en los últimos cincuenta años, mientras que las seis empresas estadounidenses con una valoración superior a 1 billón de euros se han creado en este periodo. Esta falta de dinamismo se autoalimenta. Como las empresas de la UE están especializadas en tecnologías maduras en las que el potencial de avance es limitado, gastan menos en investigación e innovación (I+i): 270 000 millones de euros menos que sus homólogas estadounidenses en 2021. Los tres principales inversores en I+I en Europa han estado dominados por empresas de automoción durante los últimos veinte años. Lo mismo ocurría en EE.UU. a principios de la década de 2000, con las empresas automovilísticas y farmacéuticas a la cabeza, pero ahora las tres primeras son tecnológicas. El problema no es que a Europa le falten ideas o ambición. Tenemos muchos investigadores y empresarios con talento que registran patentes. Pero la innovación se bloquea en la siguiente fase: no conseguimos traducir la innovación en comercialización, y las empresas innovadoras que quieren crecer en Europa se ven obstaculizadas en todas las fases por normativas incoherentes y restrictivas. Como consecuencia, muchos emprendedores europeos prefieren buscar financiación de inversores de capital riesgo estadounidenses y expandirse en el mercado estadounidense. Entre 2008 y 2021, cerca del 30% de los «unicornios» fundados en Europa -empresas que pasaron a estar valoradas en más de 1.000 millones de dólares- trasladaron su sede al extranjero, la gran mayoría a Estados Unidos. Con el mundo en la cúspide de una revolución de la IA, Europa no puede permitirse el lujo de quedarse estancada en las «tecnologías e industrias intermedias» del siglo pasado. Debemos liberar nuestro potencial innovador. Esto será clave no sólo para liderar las nuevas tecnologías, sino también para integrar la IA en nuestras industrias actuales de modo que puedan mantenerse en primera línea. Una parte central de esta agenda será dotar a los europeos de las capacidades que necesitan para beneficiarse de las nuevas tecnologías, de modo que tecnología e inclusión social vayan de la mano. Si bien Europa debe aspirar a igualar a EE.UU. en términos de innovación, debemos aspirar a superar a EE.UU. en la oferta de oportunidades de educación y aprendizaje de adultos y de buenos empleos para todos a lo largo de toda la vida.
Plan conjunto de descarbonización y competitividad
El segundo ámbito de actuación es un plan conjunto de descarbonización y competitividad. Si los ambiciosos objetivos climáticos de Europa van acompañados de un plan coherente para alcanzarlos, la descarbonización será una oportunidad para Europa. Pero si no conseguimos coordinar nuestras políticas, existe el riesgo de que la descarbonización vaya en contra de la competitividad y el crecimiento. Aunque los precios de la energía han bajado considerablemente desde sus máximos, las empresas de la UE siguen teniendo que hacer frente a precios de la electricidad entre 2 y 3 veces superiores a los de Estados Unidos. Los precios del gas natural que se pagan son 4-5 veces superiores. Esta diferencia de precios se debe sobre todo a la falta de recursos naturales en Europa, pero también a problemas fundamentales de nuestro mercado común de la energía. Las reglas del mercado impiden que las industrias y los hogares repercutan en sus facturas todos los beneficios de las energías limpias. Los elevados impuestos y las rentas captadas por los operadores financieros elevan los costes de la energía para nuestra economía.
A medio plazo, la descarbonización contribuirá a desplazar la generación de electricidad hacia fuentes de energía limpias, seguras y de bajo coste. Pero los combustibles fósiles seguirán desempeñando un papel central en el precio de la energía al menos durante el resto de esta década. Sin un plan para transferir los beneficios de la descarbonización a los usuarios finales, los precios de la energía seguirán lastrando el crecimiento. El impulso global de la descarbonización es también una oportunidad de crecimiento para la industria de la UE. La UE es líder mundial en tecnologías limpias como turbinas eólicas, electrolizadores y combustibles bajos en carbono, y más de una quinta parte de las tecnologías limpias y sostenibles de todo el mundo se desarrollan aquí. Sin embargo, no está garantizado que Europa aproveche esta oportunidad. La competencia china se está agudizando en sectores como las tecnologías limpias y los vehículos eléctricos, impulsada por una poderosa combinación de política industrial y subvenciones masivas, rápida innovación, control de las materias primas y capacidad para producir a escala continental.
La UE se enfrenta a una posible disyuntiva. Depender cada vez más de China puede ser la vía más barata y eficiente para cumplir nuestros objetivos de descarbonización. Pero la competencia estatal china también representa una amenaza para nuestras productivas industrias de tecnología limpia y automoción. La descarbonización debe producirse por el bien de nuestro planeta. Pero para que también se convierta en una fuente de crecimiento para Europa, necesitaremos un plan conjunto que abarque las industrias que producen energía y las que permiten la descarbonización, como la tecnología limpia y la automoción.
Aumento de la seguridad y la reducción de las dependencias
El tercer ámbito de actuación es el aumento de la seguridad y la reducción de las dependencias.
La seguridad es una condición previa para el crecimiento sostenible. El aumento de los riesgos geopolíticos puede incrementar la incertidumbre y frenar la inversión, mientras que las grandes crisis geopolíticas o las interrupciones repentinas del comercio pueden ser extremadamente perturbadoras. A medida que se desvanece la era de la estabilidad geopolítica, aumenta el riesgo de que el aumento de la inseguridad se convierta en una amenaza para el crecimiento y la libertad.
Europa está especialmente expuesta. Dependemos de un puñado de proveedores de materias primas críticas, especialmente China, incluso cuando la demanda mundial de esos materiales se está disparando debido a la transición hacia una energía limpia. También dependemos enormemente de las importaciones de tecnología digital. Para la producción de chips, el 75-90% de la capacidad mundial de fabricación de obleas está en Asia. Estas dependencias suelen ser bidireccionales -por ejemplo, China depende de la UE para absorber su exceso de capacidad industrial-, pero otras grandes economías como la estadounidense están tratando activamente de desvincularse. Si la UE no actúa, corremos el riesgo de ser vulnerables a la coerción. En este contexto, necesitaremos una auténtica «política económica exterior» de la UE para conservar nuestra libertad, lo que se conoce como «statecraft».
La UE tendrá que coordinar acuerdos comerciales preferenciales e inversiones directas con las naciones ricas en recursos, acumular reservas en determinadas áreas críticas y crear asociaciones industriales para asegurar la cadena de suministro de tecnologías clave. Sólo juntos podremos crear la palanca de mercado necesaria para hacer todo esto. La paz es el primer y principal objetivo de Europa. Pero las amenazas a la seguridad física están aumentando y debemos prepararnos. La UE es colectivamente la segunda potencia mundial en gasto militar, pero ello no se refleja en la fortaleza de nuestra capacidad industrial de defensa. La industria de defensa está demasiado fragmentada, lo que dificulta su capacidad para producir a escala, y adolece de falta de normalización e interoperabilidad de los equipos, lo que debilita la capacidad de Europa para actuar como una potencia cohesionada. Por ejemplo, en Europa se utilizan doce tipos distintos de carros de combate, mientras que Estados Unidos sólo produce uno. En muchos de estos ámbitos, los Estados miembros ya actúan individualmente y las políticas industriales van en aumento.
Pero es evidente que Europa no está a la altura de lo que podríamos conseguir si actuáramos como comunidad. Tres obstáculos se interponen en nuestro camino.
En primer lugar, a Europa le falta concentración. Articulamos objetivos comunes, pero no los respaldamos estableciendo prioridades claras o realizando acciones políticas conjuntas. Por ejemplo, afirmamos favorecer la innovación, pero seguimos añadiendo cargas normativas a las empresas europeas, que son especialmente costosas para las PYME y contraproducentes para las de los sectores digitales. Más de la mitad de las PYME europeas señalan los obstáculos normativos y la carga administrativa como su mayor reto. También hemos dejado fragmentado nuestro mercado único durante décadas, lo que tiene un efecto cascada sobre nuestra competitividad. Expulsa al extranjero a las empresas de alto crecimiento, reduciendo a su vez el número de proyectos que pueden financiarse y obstaculizando el desarrollo de los mercados de capitales europeos. Y sin proyectos de alto crecimiento en los que invertir ni mercados de capitales que los financien, los europeos pierden oportunidades de enriquecerse. Aunque los hogares de la UE ahorran más que sus homólogos estadounidenses, su riqueza sólo ha crecido un tercio desde 2009.
En segundo lugar, Europa está malgastando sus recursos comunes. Tenemos un gran poder de gasto colectivo, pero lo diluimos en múltiples instrumentos nacionales y de la UE. Por ejemplo, seguimos sin aunar fuerzas en la industria de defensa para ayudar a nuestras empresas a integrarse y alcanzar escala. La contratación colaborativa europea representó menos de una quinta parte del gasto en adquisición de equipos de defensa en 2022. Tampoco favorecemos a las empresas de defensa europeas competitivas. Entre mediados de 2022 y mediados de 2023, el 78% del gasto total en adquisiciones fue a parar a proveedores de fuera de la UE, de los cuales el 63% fue a parar a Estados Unidos. Tampoco colaboramos lo suficiente en innovación, a pesar de que las inversiones públicas en tecnologías punteras requieren grandes reservas de capital y los efectos indirectos para todos son sustanciales. El sector público de la UE gasta en I+D tanto como el de EE.UU. en porcentaje del PIB, pero sólo una décima parte de este gasto se realiza a nivel de la UE.
En tercer lugar, Europa no se coordina allí donde importa. Hoy en día, las estrategias industriales -como se observa en EE.UU. y China- combinan múltiples políticas, desde las fiscales para fomentar la producción nacional hasta las comerciales para penalizar los comportamientos contrarios a la competencia, pasando por las económicas exteriores para asegurar las cadenas de suministro. En el contexto de la UE, vincular las políticas de este modo requiere un alto grado de coordinación entre los esfuerzos nacionales y los de la UE. Pero debido a su lento y desagregado proceso de elaboración de políticas, la UE es menos capaz de dar una respuesta de este tipo. Las normas europeas de toma de decisiones no han evolucionado sustancialmente a medida que la UE se ha ido ampliando y que el entorno global al que nos enfrentamos se ha vuelto más hostil y complejo. Las decisiones suelen tomarse asunto por asunto, con múltiples vetos por el camino. El resultado es un proceso legislativo con un plazo medio de 19 meses para aprobar nuevas leyes, desde la propuesta de la Comisión hasta la firma del acto adoptado, y antes incluso de que las nuevas leyes se apliquen en todos los Estados miembros.
El objetivo de este informe es trazar una nueva estrategia industrial para Europa que permita superar estos obstáculos. Identificamos las causas profundas del debilitamiento de la posición de la UE en sectores estratégicos clave y presentamos una serie de propuestas para restaurar la fuerza competitiva de la UE. Para cada sector que analizamos, identificamos propuestas prioritarias a corto y medio plazo. En otras palabras, estas propuestas no pretenden ser aspiraciones: la mayoría de ellas están pensadas para aplicarse rápidamente y marcar una diferencia tangible en las perspectivas de la UE. En muchos ámbitos, la UE puede lograr mucho dando un gran número de pasos más pequeños, pero haciéndolo de forma coordinada que alinee todas las políticas en torno al objetivo común. En otros ámbitos, es necesario dar un pequeño número de pasos más grandes, delegando en la UE tareas que sólo pueden realizarse allí. En otros ámbitos, la UE debería dar un paso atrás, aplicando con mayor rigor el principio de subsidiariedad y reduciendo la carga normativa que impone a las empresas de la UE.
Una cuestión clave que se plantea es cómo debe financiar la UE las ingentes necesidades de inversión que conllevará la transformación de la economía. En este informe presentamos simulaciones para abordar esta cuestión. Pueden extraerse dos conclusiones clave para la UE. En primer lugar, aunque Europa debe avanzar en su Unión de Mercados de Capitales, el sector privado no podrá asumir la mayor parte de la financiación de las inversiones sin el apoyo del sector público. En segundo lugar, cuanto más dispuesta esté la UE a reformarse para generar un aumento de la productividad, más aumentará el espacio fiscal y más fácil le resultará al sector público prestar este apoyo. Esta conexión subraya por qué es fundamental aumentar la productividad. También tiene implicaciones para la emisión de activos comunes seguros.
Para maximizar la productividad, será necesaria cierta financiación conjunta de la inversión en bienes públicos europeos clave, como la innovación rompedora. Al mismo tiempo, hay otros bienes públicos identificados en este informe -como los contratos públicos de defensa o las redes transfronterizas- que quedarán desabastecidos sin una acción común. Si se dan las condiciones políticas e institucionales, estos proyectos también requerirán una financiación común. Este informe se publica en un momento difícil para nuestro continente. Debemos abandonar la ilusión de que sólo la dilación puede preservar el consenso. De hecho, la dilación sólo ha producido un crecimiento más lento, y desde luego no ha logrado más consenso. Hemos llegado a un punto en el que, si no actuamos, tendremos que comprometer nuestro bienestar, nuestro medio ambiente o nuestra libertad. Para que la estrategia esbozada en este informe tenga éxito, debemos empezar por una evaluación común de la situación en la que nos encontramos, los objetivos a los que queremos dar prioridad, los riesgos que queremos evitar y las concesiones que estamos dispuestos a hacer. Debemos asegurarnos de que nuestras instituciones elegidas democráticamente estén en el centro de estos debates. Las reformas sólo pueden ser realmente ambiciosas y sostenibles si cuentan con el respaldo democrático. Y debemos adoptar una nueva postura hacia la cooperación: en la eliminación de obstáculos, la armonización de normas y leyes, y la coordinación de políticas. Hay diferentes constelaciones en las que podemos avanzar. Pero lo que no podemos hacer es no avanzar en absoluto. Nuestra confianza en que lograremos avanzar debe ser firme. Nunca en el pasado la escala de nuestros países ha parecido tan pequeña e inadecuada en relación con la magnitud de los retos. Y hace mucho tiempo que la autopreservación no es una preocupación tan común. Las razones para una respuesta unificada nunca han sido tan convincentes, y en nuestra unidad encontraremos la fuerza para reformar.
